
Un estudio reciente reveló que las personas nacidas en la década de 1960 desarrollaron una resiliencia particular gracias a un modelo de crianza que promovía la autonomía y la resolución independiente de problemas. Según una psicóloga, esta generación desarrolló una mayor tolerancia a la angustia y un fuerte sentido de control interno. Este entorno, aunque con menor validación emocional, fortaleció su salud mental en la adultez.
El Origen de la Autonomía
En los años 60, los niños gozaban de una independencia casi total debido a padres con exceso de trabajo y una cultura que no priorizaba el bienestar emocional. Se veían obligados a gestionar sus propios traslados escolares, resolver conflictos sin intervención adulta y tolerar la espera sin gratificación inmediata. Esta dinámica fomentó habilidades de supervivencia emocional, según el psicólogo Peter Gray.
La psicóloga Jean Twenge analizó el concepto de “locus de control” y encontró que, entre 1960 y 2002, los jóvenes se sentían más controlados por fuerzas externas. Este cambio coincide con un aumento en los índices de ansiedad y depresión. La generación de los sesenta, en cambio, creía firmemente en su capacidad de decisión, un factor protector para la salud mental.
El Impacto de la Sobreprotección Actual
En contraste con la libertad de los años sesenta, la supervisión constante actual podría estar transmitiendo un mensaje implícito de incapacidad a las nuevas generaciones. Al proteger a los niños de cada obstáculo, se reduce el margen para desarrollar mecanismos de afrontamiento antes de la edad adulta. Las crisis emocionales, que antes se gestionaban en la infancia, hoy se postergan hasta la adultez, cuando el individuo carece de herramientas para enfrentarlas.
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