
La inflación en Argentina, uno de los principales desafíos del Gobierno, podría alcanzar un dígito anual recién a principios de 2028, según estimaciones de analistas. Si bien se han logrado avances en la reducción de la inflación, las proyecciones indican que el camino hacia una inflación de un dígito es aún largo y requiere de la continuidad de las políticas actuales.
Desafíos en el Horizonte
El Gobierno sostiene que el proceso de desinflación sigue firme y espera alcanzar un número que comience con cero en agosto de 2026, lo que implicaría una inflación anual de un dígito. Sin embargo, las estimaciones privadas para febrero de 2026 oscilan entre 2,6% y 3%, lo que demuestra las dificultades que persisten para controlar la inflación. Analistas señalan que el Gobierno ha cumplido algunas condiciones para lograr la meta, pero aún falta avanzar en otros aspectos.
En el horizonte aparecen ciertos factores que podrían acelerar la inflación, como las tensiones devaluatorias en el mercado cambiario y la necesidad de continuar con la corrección de precios relativos, especialmente las tarifas de servicios públicos. La política de compra de dólares que retomó el Banco Central también ejerce presión sobre el tipo de cambio, una variable clave para controlar la inflación.
Consensos y Próximos Pasos
Expertos coinciden en que la lucha contra la inflación es un proceso complejo que requiere modificar comportamientos arraigados y generar confianza en la marcha del programa económico. El tema fiscal es un mérito del Gobierno, pero aún está pendiente la corrección de precios relativos. Para reducir la inercia inflacionaria, es fundamental trabajar sobre las expectativas y mostrar que el régimen cambiario es sostenible.
El Gobierno enfrenta el dilema de equilibrar la velocidad de la baja de la inflación con el impacto que esa política tenga en el nivel de actividad económica. La clave de los próximos meses será resolver la tensión entre estos dos objetivos. La experiencia internacional muestra que los procesos de desinflación exitosos suelen ser lentos, por lo que el caso argentino estaría dentro de los parámetros habituales.
En conclusión, si bien se han logrado avances en la lucha contra la inflación, el camino hacia una inflación de un dígito es aún largo y requiere de la continuidad de las políticas actuales. El Gobierno deberá enfrentar desafíos como la corrección de precios relativos, las tensiones devaluatorias y la necesidad de generar confianza en la marcha del programa económico. El éxito de este proceso dependerá de la capacidad del Gobierno para equilibrar la velocidad de la baja de la inflación con el impacto que esa política tenga en el nivel de actividad económica.

