En la política argentina, pocas veces se observa un riesgo tan palpable como cuando el Presidente Javier Milei se aparta de sus discursos preparados y se entrega a la improvisación. Esta situación plantea interrogantes sobre la imagen que proyecta el jefe de Estado.
Durante la apertura del período ordinario de sesiones del Congreso de la Nación, ante la Asamblea Legislativa, el Presidente volvió a emplear expresiones de confrontación hacia los diputados del bloque kirchnerista. Extendió esta actitud a empresarios, adoptando un tono que se asemeja más al de jóvenes revoltosos que al de líderes comprometidos con la seria conducción del país. ¿Acaso no había prometido abandonar los insultos, tal como anunció meses atrás?
La Asociación Empresaria Argentina (AEA) y la Unión Industrial Argentina (UIA) respondieron a los señalamientos del Presidente, defendiendo la dignidad institucional y el honor de figuras cuestionadas en el contexto del Congreso.
AEA aprovechó la oportunidad para destacar el papel de las empresas privadas como principales impulsoras de la producción, el empleo y las exportaciones. Reconoció los logros del actual gobierno en el equilibrio de las cuentas públicas y la reducción del gasto estatal, pero enfatizó la necesidad de un diálogo constructivo y respetuoso entre el Gobierno y el sector privado para crear condiciones favorables para la inversión.
La UIA, por su parte, rechazó cualquier responsabilidad en relación con la situación económica previa al actual gobierno. Al igual que AEA, valoró los avances económicos y financieros de los últimos dos años y reafirmó su compromiso con el respeto hacia quienes producen, invierten y generan empleo en el país.
Más allá de las controversias, los legisladores, tanto de la oposición como del oficialismo, deben evitar la exacerbación y mantener la compostura esperada. Algunos han convertido el Congreso en un escenario de confrontación, reflejando una imagen degradada de la Argentina actual.
En cuanto al Presidente, debería considerar que, como proponía José Manuel Estrada, la mejor lección es la que emana de los hechos. En su discurso ante la Asamblea Legislativa, Milei proclamó “la moral como política de Estado”. Sin embargo, la percepción general no fue la de una moralidad resplandeciente en el Congreso esa noche.
Resultan preocupantes ciertos antecedentes relacionados con figuras que aspiran a cargos de poder o que mantienen vínculos con personajes cuestionables de administraciones peronistas anteriores, algunos de ellos imputados por delitos aún presentes en la memoria de los argentinos. Estos escándalos, como los que sacuden a la Asociación del Fútbol Argentino, generan inquietud.
Toda política que aspire a la consistencia y se base en principios morales debería evitar agravios y excesos que solo alimentan el descreimiento y el escepticismo. Estar a la altura de las responsabilidades que conlleva la jefatura de Estado exige no solo ser, sino también parecer.

