
En su cuarta semana, la guerra en Irán, con operaciones militares norteamericanas enfocadas en liberar el flujo de petróleo y gas, el gobierno de Teherán rechaza cualquier intento de solución diplomática al conflicto bélico iniciado por Estados Unidos e Israel. Teherán intensificó los ataques contra sus vecinos, buscando agravar el impacto económico mundial más rápido de lo que el gobierno de Trump puede aliviarlo con la fuerza militar.
Estrategia de Irán
La negativa de Irán a capitular se basa en su control sobre el estrecho de Ormuz, crucial para el tránsito mundial de combustible, que Teherán mantiene bloqueado, impactando los mercados energéticos. Ante esto, el presidente Trump dio un ultimátum de 48 horas para reabrir esa vía, amenazando con «obliterar» las centrales eléctricas del país si no se cumple.
Según un diplomático iraní, el cierre parcial del estrecho busca que la agresión resulte costosa para los agresores, resaltando que están solos frente a la mayor superpotencia militar. Líderes iraníes consideran su capacidad para controlar el estrecho y resistir la ofensiva como una victoria a corto plazo, aunque preocupa su recuperación a largo plazo ante la intensificación de la guerra y la amenaza a su infraestructura.
Un diplomático europeo en el Golfo Pérsico señaló que, mientras el régimen siga en el poder, seguirá sembrando el terror en la región y desestabilizando los mercados internacionales de petróleo y gas, considerando esto como una victoria y sin sentir presión para negociar. El aumento de los precios de la energía ya genera preocupación en Washington.
Negativa a un Alto al Fuego
Tras la conclusión de que Estados Unidos e Israel no lograrían derrocar al régimen de los ayatolás en el corto plazo, funcionarios de Qatar y Omán intentaron negociar un posible alto el fuego con Irán. La respuesta iraní fue que solo se sentarían a negociar si Estados Unidos e Israel cesaban primero sus ataques.
Según el Pentágono, Estados Unidos e Israel atacaron más de 15.000 objetivos en Irán, destruyendo infraestructura militar y edificios municipales, y causando la muerte de altos mandos iraníes. El Ministerio de Salud iraní afirma que murieron más de 1200 civiles en el conflicto. El conflicto se ha extendido a ataques contra la infraestructura energética en otros países de la región, con Irán lanzando misiles contra Arabia Saudita, Kuwait y Qatar.
La cúpula iraní está preocupada por los costos de una guerra a largo plazo y el descontento interno. Un investigador de la Fundación para la Defensa de las Democracias, Reuel Marc Gerecht, señala que, aunque la prolongación del conflicto podría beneficiar a Irán a corto plazo, a la larga les jugaría en contra, dejando al gobierno iraní con menos capacidad para enfrentar el descontento popular.
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