
Víctor Manuel Pombinho Soares, hijo, comparte las experiencias de llevar el mismo nombre que su padre, una elección que generó confusiones y anécdotas a lo largo de su vida. Desde problemas con el teléfono y correspondencia hasta situaciones graciosas en viajes, la identidad compartida marcó su camino.
Confusiones Cotidianas
Durante su infancia y adolescencia, las preguntas al atender el teléfono eran habituales: “¿Grande o chico?”; “¿padre o hijo?”. Ya de adulto, las confusiones se trasladaron a cartas de bancos y servicios, donde era imposible discernir el destinatario sin abrir el sobre. Incluso, al visitar médicos, se encontraba con que su padre ya tenía una ficha a su nombre.
Un Viaje a Portugal
Un viaje a Portugal, la tierra natal de su padre, intensificó las situaciones confusas. En cada mostrador, los pasaportes generaban embrollos, causando vergüenza en el hijo y satisfacción en el padre, quien repetía: “Nos llamamos igualito, igualito”. Visitaron Algarve y las ruinas de la casa natal, donde evocaron recuerdos de una vida sin las comodidades modernas.
El Misterio de la ‘C’
Descubrió que el nombre original de su padre era “Vitor”, sin la “c”, una forma común en Portugal. Al emigrar a Argentina, un funcionario lo rebautizó “Víctor”. Al preguntarle si ese cambio había influido en su vida, el padre respondió con un lacónico “no”. Para el hijo, esa letra cambiaba todo.
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