Las diferencias entre Javier Milei y Victoria Villarruel han vuelto a ser evidentes tras la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso. Se comenta que el Presidente estaría considerando mecanismos para destituir a su vice, o al menos, para forzar su renuncia. Sin embargo, es crucial recordar que la destitución solo procede a través de un juicio político, y que cualquier otra forma de presión carecería de validez institucional.
Desde el oficialismo, se acusa a Villarruel de no defender adecuadamente las políticas del Gobierno en el ejercicio de su función. Es importante recordar que, en Argentina, el Vicepresidente tiene dos roles constitucionales: reemplazar al Presidente en caso de ausencia y presidir el Senado. El primero es una función en expectativa, activada solo ante la ausencia del primer mandatario, ya sea transitoria o definitiva. Este rol de reemplazo es fundamental para la creación del cargo.
El otro rol constitucional es presidir el Senado. No se espera que el Vicepresidente defienda las políticas del Gobierno en este cargo, sino que vele por el adecuado funcionamiento de la cámara. Aunque es un funcionario electo por el pueblo, el Presidente no puede removerlo de su cargo, independientemente de sus deseos. Villarruel, aun presidiendo el Senado, no es legisladora oficialista.
Es un error creer que un Vicepresidente debe renunciar si se distancia del Presidente. Las lealtades constitucionalmente previstas son institucionales, no necesariamente políticas. La Constitución incluso contempla la posibilidad de que un Vicepresidente pertenezca a la oposición. Si este se ausentara de forma definitiva, el Congreso debería convocar a elecciones para elegir a uno nuevo, pudiendo triunfar un candidato no oficialista.
La historia argentina muestra que la relación entre Presidentes y Vicepresidentes ha sido compleja en un tercio de los períodos presidenciales desde 1854. Además, ninguno de los cinco Presidentes que gobernaron durante más de un período repitió a su Vicepresidente en su segundo mandato. Es una historia repetida.
Por lo tanto, la situación actual entre Milei y Villarruel no es necesariamente grave, y el Gobierno no debería dedicarle demasiado tiempo. Sin embargo, el Presidente debería recordar que en el marco de los debates en plena campaña electoral en 2023, Villarruel lo ayudó a disimular el papelón en el que incurrió aquel cuando debió participar en ellos. Quizás un poco de gratitud sería apropiado.

