
El Día de la Mujer trajo consigo una reflexión sobre el rol femenino en la gastronomía argentina. Un informe reciente del INDEC revela una creciente paridad en los puestos de trabajo en hoteles y restaurantes, con un 50,9% de mujeres y un 49,1% de varones. Este cambio silencioso se percibe en la organización y el ambiente de las cocinas, donde la colaboración y la empatía ganan terreno.
Cambios En El Liderazgo Y La Cultura Gastronómica
Históricamente, la gastronomía ha sido un ámbito dominado por hombres, especialmente en los puestos de mayor jerarquía. Sin embargo, los números actuales muestran una transformación significativa. En 2017, se estimaba que el 64% de los empleados en hotelería y gastronomía eran varones, mientras que solo el 36% eran mujeres. En los niveles de decisión, la brecha era aún mayor: 77% varones y 23% mujeres. La dificultad para ascender en la escala jerárquica, sumada a las exigencias de horarios extensos y nocturnos, representaba un desafío particular para las mujeres, quienes suelen asumir la mayor parte de las responsabilidades de cuidado familiar.
Hoy, el panorama es diferente. La presencia de mujeres en roles de liderazgo no solo brinda un ejemplo a seguir, sino que también impulsa nuevas formas de gestión. Se observa un cambio en la idea de autoridad, donde el método y la empatía reemplazan al mando autoritario. Las mujeres están tomando las riendas de sus propios proyectos, definiendo horarios, cartas y políticas de personal. Este salto de “empleada excelente” a “persona que define las reglas” es un factor clave en la transformación del sector.
El crecimiento de encuentros nacionales de mujeres hoteleras y gastronómicas, así como la proliferación de redes y comunidades online, contribuyen a visibilizar el talento femenino y fomentar el intercambio de experiencias. Este cambio no se limita a la alta cocina, sino que se extiende a bares, proyectos colectivos y cocinas de barrio, abarcando incluso territorios tradicionalmente masculinos como el sushi.
Si bien se han logrado avances importantes, aún quedan desafíos por superar. La estructura horaria del rubro, que penaliza la maternidad y las responsabilidades de cuidado, sigue siendo un obstáculo. Es fundamental trabajar en la formalización y la estabilidad laboral para garantizar carreras gastronómicas sostenibles para las mujeres. El cambio real comenzó cuando se dejaron de pedir permisos y se iniciaron proyectos con nuevas reglas y equipos organizados de manera diferente. Ahora, el desafío es lograr que este cambio sea sostenible en el tiempo.

