La Asamblea de Expertos de Irán eligió a Mojtaba Khamenei, hijo del ayatollah Ali Khamenei, como el nuevo líder supremo del país. La designación se produce tras el fallecimiento de su padre y consolida el poder del ala dura dentro del régimen. El anuncio fue realizado por el ayatollah Mohsen Heidari Alekasir, quien destacó que la elección se basó en la premisa de que el líder de Irán debía ser «odiado por el enemigo».
Influencia y Poder de Mojtaba Khamenei
Mojtaba Khamenei, de 56 años, ha ganado influencia durante el mandato de su padre, convirtiéndose en una figura cercana a las fuerzas de seguridad y al entramado económico vinculado a ellas. Con el turbante negro de un sayyed, que indica su descendencia del profeta Mahoma, se opuso a los reformistas que buscaban la colaboración con Occidente en relación al programa nuclear iraní. Sus estrechos vínculos con el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) le han dado aún más poder dentro del aparato político y de seguridad del país.
El líder supremo tiene la última palabra en asuntos de Estado, incluyendo la política exterior y el programa nuclear iraní, un tema de gran preocupación para las potencias occidentales. La designación de Mojtaba podría enfrentar resistencia interna en un país que ha sido escenario de protestas masivas en los últimos años, donde la población reclama mayores libertades.
Sanciones y Críticas
El Departamento del Tesoro de Estados Unidos sancionó a Mojtaba en 2019, alegando que actuaba en representación de su padre «en calidad oficial». Washington lo acusó de trabajar con la Fuerza Quds del IRGC y la milicia Basij para promover los objetivos desestabilizadores y opresivos de su padre. Además, fue criticado durante los disturbios de 2022 tras la muerte de una joven bajo custodia policial. Algunos sectores sostienen que Mojtaba carece de las credenciales religiosas necesarias para ser líder supremo, ya que su rango de hojjatoleslam es inferior al de ayatollah.
Nacido en Mashhad en 1969, Mojtaba Khamenei participó en la guerra entre Irán e Irak y estudió en seminarios religiosos. A pesar de ser visto en actos del régimen, rara vez habló en público. Su designación como líder supremo consolida el poder del sector más conservador en Irán y plantea interrogantes sobre el futuro del país en un contexto de tensiones internacionales y demandas internas de cambio.

