Los Diez Mandamientos, la épica película de 1956 dirigida por Cecil B. DeMille, esconde anécdotas sorprendentes detrás de su grandeza. Desde la elección de Charlton Heston como Moisés hasta los desafíos de filmación en Egipto, la producción fue tan monumental como la historia que narraba. La película, un clásico del cine bíblico, sigue fascinando a generaciones.

El casting y los roles estelares
Cecil B. DeMille seleccionó a Charlton Heston basándose en su parecido con una escultura de Moisés, sin siquiera haberle ofrecido un guion inicialmente. Yul Brynner fue elegido para interpretar a Ramsés tras ser visto en Broadway. La elección del elenco fue crucial para dar vida a esta historia bíblica.
El rodaje en Egipto presentó desafíos logísticos y de salud para DeMille, quien sufrió un ataque al corazón durante la producción. Sin embargo, su pasión por la película lo impulsó a continuar, creando sets faraónicos y movilizando a cientos de extras. La escena del éxodo requirió incluso el uso de un revólver para coordinar a la multitud.
La película ganó el Oscar a los mejores efectos visuales, gracias a ingeniosos trucos como usar pochoclo para simular granizo y colorantes para transformar el agua en sangre. La división del Mar Rojo, uno de los momentos más icónicos, se logró reutilizando una técnica de la versión de 1923, filmando agua en retroceso.
Recepción y legado
A pesar de las críticas de DeMille hacia la actuación de Heston, Los Diez Mandamientos se convirtió en un éxito de taquilla y recibió elogios de todo el mundo. La película dejó una huella imborrable en la historia del cine, consolidándose como un clásico y una obra maestra del género épico-religioso.
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