
Las piedras en los riñones, también conocidas como cálculos renales, son depósitos sólidos de minerales y sales que se forman en el sistema urinario. Esta condición se produce cuando sustancias como el calcio, el oxalato o el ácido úrico se concentran en la orina y se cristalizan, formando pequeñas piedras que pueden causar dolor intenso y complicaciones de salud. Se estima que entre el 2% y el 20% de la población puede experimentar cálculos renales en algún momento de su vida.
Alimentos a Moderar
Uno de los principales factores de riesgo para desarrollar piedras en los riñones es la alimentación. Alimentos ricos en oxalatos, como la espinaca, la remolacha y los frutos secos, pueden favorecer la formación de cálculos al combinarse con el calcio en la orina. El consumo excesivo de sal y productos ultraprocesados también incrementa la cantidad de calcio eliminada por la orina, aumentando el riesgo. El alto consumo de proteínas animales puede elevar los niveles de ácido úrico, contribuyendo a la formación de cálculos.
Entre los alimentos más asociados a este riesgo se encuentran la espinaca, la remolacha, los frutos secos, el chocolate, la carne roja, los embutidos, la sal (en exceso), las bebidas azucaradas y las gaseosas. Las bebidas azucaradas y el exceso de azúcar también alteran el equilibrio químico del organismo, reduciendo las sustancias que ayudan a prevenir la cristalización en los riñones.
Además de la alimentación, el bajo consumo de agua es un factor determinante. Una hidratación insuficiente concentra la orina, facilitando la acumulación de minerales y la formación de cálculos. A medida que las piedras aumentan de tamaño, pueden aparecer síntomas como dolor intenso en la espalda baja, ardor al orinar y sangre en la orina.
La buena noticia es que estos alimentos no deben eliminarse por completo, sino moderarse y reemplazarse inteligentemente. Por ejemplo, las espinacas pueden sustituirse por vegetales bajos en oxalatos como el pepino o la lechuga, y las gaseosas por agua o bebidas con limón. Mantener una buena hidratación, reducir el consumo de sal, azúcar y alimentos ricos en oxalatos, y optar por una dieta equilibrada puede marcar la diferencia en la salud renal. Se recomienda consultar a un médico especialista antes de realizar cambios significativos en la dieta.
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