
Expertos en psicología y neurología advierten sobre los efectos negativos de la mentira crónica en la salud mental y las relaciones interpersonales. Un estudio de la University College London demostró que decir pequeñas mentiras desensibiliza al cerebro, incentivando a mentir más y a mayor escala. La mentira constante puede generar fatiga mental, dificultad para concentrarse e irritabilidad.
El costo de la mentira
Según los especialistas, mentir implica una alta demanda cognitiva, ya que la persona debe inhibir información verdadera y monitorear constantemente su discurso. Esta incongruencia persistente entre lo que se piensa y se comunica afecta la autoestima, favoreciendo la culpa crónica y produciendo una sensación de falta de coherencia interna. Además, mantener el sistema nervioso en un estado de vigilancia permanente genera desconfianza y menor capacidad de regulación emocional.
Desde la psicología social, la mentira se interpreta como una conducta compleja que cumple funciones adaptativas en determinados contextos. Las intenciones detrás de una mentira reflejan necesidades internas como protegerse del rechazo, evitar castigos, mantener vínculos afectivos o cuidar la autoestima. Sin embargo, a largo plazo, la mentira debilita la sensación de seguridad relacional y la conexión emocional.
Para cortar con el ciclo de la mentira, es fundamental reconocer que esta conducta pudo haber cumplido una función adaptativa en el pasado, pero que actualmente genera más malestar que alivio. El proceso requiere entrenar al sistema nervioso para tolerar la ansiedad que provoca decir la verdad, fortalecer la identidad personal y construir vínculos basados en la coherencia y la autenticidad.
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