
En un giro insólito tras la muerte de Albert Einstein en 1955, el patólogo Thomas Harvey robó su cerebro durante la autopsia en el Hospital de Princeton. Harvey, sin autorización inicial, extrajo el cerebro y lo preservó en formaldehído, desencadenando una historia que involucró secretos, escándalos y una obsesión científica fuera de lo común.
La Extraña Odisea Del Cerebro De Einstein
Tras la revelación del robo, Harvey convenció al hijo de Einstein, Hans Albert, de que le permitiera usar el cerebro con fines científicos. Sin embargo, en lugar de entregarlo al Hospital de Princeton, Harvey lo dividió en aproximadamente 240 piezas y creó diapositivas, distribuyendo muestras a neurólogos y forenses con la esperanza de obtener descubrimientos revolucionarios. La mayoría de los investigadores no respondieron o no encontraron nada significativo.
La obsesión de Harvey con el cerebro de Einstein tuvo consecuencias personales y profesionales. Fue despedido del Hospital de Princeton y su matrimonio se resquebrajó. En la década de 1960, se mudó al Medio Oeste, llevando consigo los frascos con el cerebro y trabajando en diversos empleos, incluso guardando el órgano en la misma nevera donde almacenaba su cerveza.
En 1978, el periodista Steven Levy descubrió a Harvey y el cerebro de Einstein en Kansas, lo que generó un escándalo público. A pesar de los intentos de estudiarlo, el cerebro permaneció en posesión de Harvey hasta su muerte en 2007, momento en el que donó las partes restantes al Hospital de Princeton. La historia del cerebro robado de Einstein es más fascinante que los descubrimientos científicos que se lograron a partir de él.
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