
Desde los círculos más reservados del poder en Teherán, Mojtaba Khamenei, hijo del fallecido ayatolá Alí Khamenei, se posiciona como el posible sucesor al cargo de Líder Supremo de Irán. Nacido en Mashhad en 1969, Mojtaba ha mantenido un perfil bajo durante décadas, cultivando influencias dentro del régimen islámico. Tras la muerte de su padre, este ‘hijo predilecto’ podría convertirse en el tercer líder supremo en la historia del régimen teocrático.
Ascenso Silencioso Al Poder
El poder de Mojtaba se forjó en la oficina del Líder Supremo, donde tejió una red de influencias mientras los presidentes iraníes cambiaban y las protestas sacudían las calles. Durante años, fue el guardián más cercano de su padre, controlando el acceso al ayatolá y la información que llegaba a su despacho. Esta posición le permitió acumular un poder informal pero considerable, ejercido discretamente.
Su principal fortaleza reside en su vínculo con los Pasdaran, la Guardia Revolucionaria de Irán. A diferencia del perfil ideológico de su padre, Mojtaba consolidó su influencia como aliado de los mandos militares, relación que se remonta a la guerra entre Irán e Irak, donde sirvió en el batallón Habib ibn Mazahir. Este batallón se convirtió en un núcleo de poder dentro de las estructuras de seguridad más duras del régimen, con acceso directo a la cúpula del sistema.
Controversias y Desafíos
Informes de inteligencia occidentales señalan a Mojtaba como una figura clave en la represión de protestas en 2009 y 2022, asociando su nombre al aparato represivo del régimen. También se le atribuye un papel relevante en la política interna, respaldando al expresidente Mahmud Ahmadineyad en las controvertidas elecciones de 2005 y 2009. Sin embargo, su legitimidad religiosa genera debate, ya que no es considerado un gran jurisconsulto dentro del clero chiita, un requisito tradicional para la máxima autoridad religiosa.
Además de su influencia política, Mojtaba es señalado como administrador de una compleja red financiera, con un patrimonio estimado en cientos de millones de dólares. Investigaciones internacionales mencionan empresas fantasma e inversiones vinculadas a la venta de petróleo iraní, lo que le valió sanciones del Departamento del Tesoro de Estados Unidos en 2019. Su ascenso podría concentrar aún más el poder en instituciones no electas y reforzar el peso del aparato de seguridad en la política iraní, en un contexto regional e interno explosivo, marcando un momento delicado en la historia reciente de Irán.

