
La Casa del Escultor, ubicada en Bermejo, Mendoza, es un reflejo del universo creativo de Roberto Rosas. Desde 1988, el escultor transformó su hogar en un museo a cielo abierto, con esculturas monumentales y detalles forjados a mano. Dos años antes de su muerte, Rosas expresó su deseo de que su casa-taller continuara funcionando como un espacio para otros artistas.
Un Espacio con Alma de Artista
Rosas diseñó su casa para que fuera eterna, con amplios espacios para trabajar y almacenar su obra. El arquitecto Mario Pagés colaboró en la planificación de la maqueta, dando forma a un lugar donde el artista podía vivir y crear sin limitaciones. Su hijo, Fernando Rosas, también artista, recuerda que su padre decía que podía vivir en un taller, pero no trabajar en una casa.
En cada rincón de La Casa del Escultor, los símbolos y las obras de Rosas se hacen presentes. Esculturas gigantes, portones labrados, una escalera caracol y una salamandra inspirada en el Infierno de Dante son solo algunos ejemplos. El escultor utilizaba el metal como medio para expresar su visión humanista y su compromiso con la naturaleza.
Hoy, la Casa del Escultor está abierta al público y ofrece visitas guiadas para conocer el legado de Roberto Rosas. Fabiana Maza, compañera del artista, lidera la Fundación Rosas para la Escultura, una organización dedicada a difundir y preservar su patrimonio cultural. El espacio busca mantener viva la esencia del artista, mostrando sus herramientas y creando un lugar de encuentro para la comunidad artística.
La obra de Roberto Rosas trascendió las fronteras de Mendoza, llegando a Estados Unidos, Italia, Alemania, China, Israel y España. Su legado perdura en el tiempo, inspirando a nuevas generaciones de artistas y amantes del arte.
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