
A medida que el verano se desvanece, los jardines se preparan para una transformación sutil pero impactante. El otoño trae consigo una paleta de colores profundos y terrosos, como terracota, óxido, miel y bronce, que aportan elegancia y calidez al paisaje. Los diseñadores paisajistas están recurriendo a estas tonalidades para crear espacios armónicos que reflejen la belleza natural de la temporada.
Terracota y Bronce: Colores Predominantes
Los tonos terracota evocan la arcilla húmeda y las hojas secas, manifestándose en flores rojizas y espigas maduras. La Verbena bonariensis, con sus flores violáceas, combinada con gramíneas claras, crea una escena liviana pero rica en matices. El bronce, otro color estrella del otoño, se encuentra en gramíneas ornamentales como Panicum virgatum y Pennisetum orientale, cuyas espigas capturan la luz del atardecer, iluminando el jardín con cada movimiento.
Miel y Óxido: Detalles que Profundizan el Diseño
Los tonos miel, suaves y dorados, iluminan sin romper la armonía, presentes en las espigas de Chasmanthium latifolium, que se mecen con el viento. El color óxido, visible en semillas secas y follajes envejecidos, añade profundidad. Las cabezas secas de Echinacea y los tallos persistentes de perennes aportan textura y contraste, enriqueciendo el jardín otoñal.
Un Jardín Refinado y Natural
Los jardines en tonos terrosos requieren menos intervención, ya que muchas plantas mantienen su estructura durante meses. La repetición de especies que cambian cromáticamente ayuda a sostener la armonía visual. El otoño, más que una estación de pérdida, es un período de refinamiento, donde los colores ganan profundidad y el jardín se asemeja a una pintura de ocres, cobres y dorados, emergiendo naturalmente de la tierra.
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