
La dieta mediterránea se presenta como la opción más eficaz para el tratamiento del hígado graso, según expertos. Esta dieta, rica en antioxidantes, fibra, omega 3 y baja en azúcares, ofrece una alternativa saludable para quienes buscan mejorar la salud de su hígado. Además, se advierte sobre el consumo de jarabe de maíz de alta fructosa, un endulzante presente en muchos productos procesados.
Dieta Mediterránea: Un Aliado para el Hígado
La dieta mediterránea, caracterizada por el consumo de aceite de oliva, pescado, frutas, verduras y legumbres, aporta nutrientes esenciales para el buen funcionamiento del hígado. Se recomienda aumentar el consumo de pescado semanalmente, así como la ingesta de frutas y verduras, que proporcionan vitaminas, minerales y fibra. Las legumbres, combinadas con cereales, son una excelente fuente de proteínas.
El cardiólogo Jorge Tartaglione explicó en LN+ que el hígado graso suele ser asintomático y está asociado a factores como el sobrepeso, la mala alimentación, la diabetes y el sedentarismo. Advirtió que esta condición puede ser un factor de riesgo para infarto de miocardio y ACV, y si no se controla, puede evolucionar a cirrosis, fibrosis o cáncer de hígado.
Jarabe de Maíz de Alta Fructosa: El Enemigo Silencioso
El jarabe de maíz de alta fructosa (JMAF), un endulzante industrializado a partir de almidón de maíz, es señalado como un factor que contribuye al aumento de casos de hígado graso. Este endulzante, presente en muchos productos procesados por su bajo costo, se metaboliza en el hígado, lo que puede provocar la acumulación de grasa en este órgano.
Para detectar el hígado graso, se recomiendan dos estudios clave: la ecografía y el análisis de sangre. El tratamiento sugerido incluye una dieta saludable, actividad física, pérdida de peso y abstinencia del alcohol. Además, se mencionan tres opciones caseras para depurar el hígado: jugo de remolacha, té verde y café.
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