
Ante el incremento del precio internacional del petróleo, el Gobierno Nacional implementó una medida para mitigar el impacto en los surtidores, elevando el límite máximo de oxígeno permitido en las naftas hasta un 5,6%, lo que implica un mayor porcentaje de bioetanol. Esta decisión plantea interrogantes sobre cómo afectará a los motores de los vehículos, especialmente a los modelos más antiguos.
¿Cómo Afecta el Bioetanol a los Motores?
En los vehículos modernos, el aumento en el porcentaje de bioetanol no debería generar inconvenientes significativos, ya que los sistemas de inyección están preparados para estos combustibles con compuestos oxigenados que ayudan a mantenerlos limpios. La unidad de control (ECU) se adapta al combustible, optimizando el rendimiento sin necesidad de ajustes mecánicos.
Sin embargo, en motores más antiguos o con mayor desgaste, el incremento de bioetanol podría tener efectos indirectos. Al actuar como un ‘detergente’ y limpiar el carbón acumulado en la cámara de combustión, podría evidenciar holguras entre el pistón y la camisa, lo que resultaría en una pérdida de potencia y un mayor consumo de combustible.
Los modelos más susceptibles a estos efectos son aquellos con motores a carburador, comunes en vehículos fabricados antes de la generalización de la inyección electrónica a mediados de los años 90. No obstante, incluso en estos casos, un motor bien mantenido y con insumos de calidad tiene menos probabilidades de sufrir consecuencias negativas.
Medida Para Contener Precios
La nueva normativa permite a las refinadoras incrementar voluntariamente el uso de bioetanol hasta un 15%, reemplazando así parte del combustible fósil, que es más caro y está más gravado. Esta medida busca contener el aumento de precios en los surtidores sin recurrir a la baja de impuestos o mayores restricciones al sector.
En contraste, Brasil tiene una política de Estado que impulsa el uso de bioetanol desde la década de 1970, con un corte obligatorio del 30% en la gasolina y un parque automotor adaptado para utilizarlo como combustible principal. La Argentina, en cambio, mantiene un enfoque más acotado, priorizando el petróleo y el gas en su estrategia energética.
En un contexto donde el precio del crudo continúa siendo elevado, esta medida representa un intento de equilibrar los costos para los consumidores y la industria, aunque su impacto real dependerá de la respuesta de las petroleras y la adaptación de los vehículos a los nuevos niveles de bioetanol.
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