Mucho antes de que el mundo se conmoviera con la historia de Lady Di, otra mujer de su propia estirpe ya había marcado un hito en el Reino Unido: Georgiana Cavendish, la Duquesa de Devonshire. Ícono de la moda y pionera en la política, su vida inspiró la película ‘La Duquesa’, protagonizada por Keira Knightley.
Georgiana, miembro de la influyente familia Spencer, comparte con la Princesa Diana algo más que un apellido y una posición privilegiada. Ambas mujeres vivieron matrimonios desafortunados, expuestas al escrutinio público y enfrentando decisiones que moldearon sus destinos.

Nacida el 7 de junio de 1757, Georgiana Spencer creció bajo las estrictas normas de la nobleza, destinada a ser una esposa ejemplar. A los 17 años, contrajo matrimonio con William Cavendish, quinto Duque de Devonshire, un enlace estratégico entre dos familias poderosas, más que una unión por amor.
La Duquesa asumió su rol con diligencia, pero su matrimonio pronto se tornó un calvario ante la imposibilidad de concebir un heredero varón. Tras varios abortos espontáneos, la presión familiar y social se intensificó.
Finalmente, dio a luz a dos hijas, pero el anhelado heredero no llegaba. El estrés afectó su salud física y emocional, llevándola a la anorexia, el consumo de fármacos y alcohol. Durante esos años, su marido mantenía relaciones extramatrimoniales con otras mujeres de la aristocracia, una afrenta que la marcó profundamente.

Un engaño que dejó cicatrices imborrables
En 1782, durante una visita a Bath, el matrimonio conoció a Lady Elizabeth Foster, ‘Bess’, una mujer separada con problemas económicos. La Duquesa, conmovida, la invitó a vivir en su casa. Aquel gesto de bondad se convirtió en uno de los escándalos más sonados de la aristocracia británica.
Bess se convirtió en la amante oficial del Duque, dando lugar a una convivencia inusual. El Duque incluso tuvo dos hijos ilegítimos mientras vivía bajo el mismo techo que Georgiana. En medio de esta humillación, la Duquesa encontró consuelo en Charles Grey, quien años después sería el Conde Grey y Primer Ministro británico.
En 1791, Georgiana descubrió que estaba embarazada de su amante. El Duque le impuso un ultimátum devastador: renunciar a su amante y al hijo que esperaba, o perder todo contacto con sus tres hijos legítimos. Ante la presión, tomó una decisión desgarradora. En febrero de 1792, nació Eliza Courtney, pero la Duquesa se vio obligada a entregarla a la familia de Grey y alejarse de ella.
Tras dos años de exilio, el Duque le permitió regresar al Reino Unido. En el otoño de 1793, Georgiana se instaló en Chatsworth House, la residencia histórica de los Duques de Devonshire. Sus últimos años transcurrieron con bajo perfil. El 30 de marzo de 1806, a los 48 años, falleció a causa de una afección hepática.

