
La televisión, un objeto de debate en las décadas de 1960 y 1970, similar a la controversia actual con los teléfonos celulares, marcó la infancia de una escritora argentina. Debido a la decisión de su padre, quien consideraba la televisión nociva, ella no tenía acceso a este medio en su hogar.
Una Infancia Diferente
La escritora recuerda que solo podía ver televisión en casa de su abuela o en las de sus amigas. Esta limitación, aunque a veces generaba tristeza, tuvo un impacto positivo en su desarrollo. La falta de televisión la impulsó a crear sus propios universos y a desarrollar su imaginación de maneras que quizás no habría explorado de otra forma.
La experiencia la llevó a valorar la lectura y la escritura como formas de entretenimiento y expresión. En lugar de consumir contenido pasivamente, se vio obligada a generar sus propias historias y mundos imaginarios. Este proceso creativo temprano contribuyó a su vocación como escritora.
La escritora destaca que, aunque la decisión de su padre tuvo un lado triste al sentirse excluida de ciertas experiencias compartidas por sus compañeros, también le brindó una perspectiva única y una capacidad creativa que valora profundamente. Su infancia sin televisión la ayudó a construir un mundo interior rico y a desarrollar una pasión por la narrativa.
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