En una publicación póstuma conmovedora, el hijo de la autora nos presenta Las cosas que quedaron en la nieve, una reconstrucción encantadora y original del viaje que Ana Jusid (1946-2022) realizó a Moscú en 1965. Acompañada por otros estudiantes y camaradas, Jusid partió con la convicción de encontrar un lugar en la tierra donde la felicidad humana se había concretado. Sin embargo, diversas experiencias pondrían en tela de juicio esa certeza.
Estas «memorias de Rusia» abarcan seis años cruciales en la vida de quien se convertiría en historiadora, pedagoga y una referente internacional en el estudio de la maternidad en la adolescencia. A través de sus páginas, usted encontrará retratos de amigos, compañeras de cuarto y profesores, así como escenas vívidas de la vida comunista, matizadas por sabores, sonidos y texturas. Jusid también comparte meditaciones cómicas sobre la práctica educativa, como su observación de que «es el acto profesoral lo que produce sueño». Entre las idas y venidas por las materias del programa, descubre su vocación por la escritura literaria. «Siempre había tenido dudas sobre la calidad de lo que escribía; que otros leyeran mis textos sería una buena prueba», reflexiona.
Jusid demuestra su talento impresionista al describir: «Un invierno en Moscú donde se helaban las pestañas y era casi imposible cerrar los ojos que se sentían como si fueran de vidrio». De manera sutil, registra episodios de violencia machista y antisemitismo, incluyendo alguno del que fue víctima, y transcribe dos poemas de Evgeni Evtushenko; «No mueren hombres sino mundos enteros», se lee en uno de ellos. Con la delicadeza de una sonata, rescata atmósferas, costumbres y vivencias de un mundo que se ha ido definitivamente.
Las cosas que quedaron en la nieve
Ana Jusid
Biblos
80 páginas, $ 16.000

