Una creciente preocupación sobre la efectividad del plan económico del gobierno de Javier Milei ha comenzado a filtrarse silenciosamente. Este debate, impulsado inicialmente por indicadores de percepción social, ahora resuena en esferas del establishment y genera discusiones internas en el Gobierno, a pesar de la resistencia del Presidente. La pregunta central es si los ajustes implementados son suficientes para reactivar la economía antes de que se diluya la inversión y el consumo.
Indicadores de Tensión
Dos indicadores clave exponen estas tensiones: la relación inflación-actividad económica y los datos de empleo. A pesar de la prioridad absoluta de bajar la inflación, el Gobierno enfrenta un estancamiento económico sin lograr doblegar completamente la inflación, que se mantiene en un 3% mensual. Además, un crecimiento del PBI del 4,4% en 2025 contrasta con un aumento del desempleo del 6,6% al 7,5%, el valor más alto desde la pandemia, evidenciando que la mejora en la producción no se traduce en creación de empleo.
Luis Caputo, ministro de Economía, admitió un retroceso en el proceso de desinflación, reconociendo que no se están cumpliendo las expectativas iniciales. Datos de supermercados revelan una caída del 5% en el volumen de ventas en febrero, tras una retracción en enero, indicando una merma en el consumo masivo debido a la escasez salarial y el aumento de tarifas. Los consumidores optan por alimentos ricos en carbohidratos y admiten saltearse comidas diarias, reflejo de la combinación de inflación persistente e ingresos deprimidos.
Reacción y Ajustes
Ante este panorama, el Gobierno ha comenzado a permitir mayor liquidez en el mercado, ajustar las tasas de interés y fomentar el crédito bancario. Sin embargo, la discusión se centra en medidas más profundas para reanimar la economía sin generar inflación ni comprometer las líneas rojas de Milei. Caputo busca un equilibrio entre el diagnóstico técnico de su equipo y el dogma del Presidente, quien se muestra inflexible ante medidas que no se ajustan a su visión.
Estudios de opinión pública reflejan una disminución en la confianza en la capacidad del Gobierno para resolver los problemas. La pregunta sobre si el país va en el camino correcto muestra un descenso en las respuestas afirmativas, mientras que aumenta la percepción de que el Gobierno carece de la capacidad necesaria para revertir la situación.
En definitiva, el éxito del Gobierno depende de la efectividad de su programa económico. La sociedad argentina depositó su confianza en este plan, pero los interrogantes actuales generan incertidumbre sobre el futuro.
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