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El Plagio Literario que Sacudió Inglaterra: ¿Coincidencia o Robo?

Una novela olvidada de 1963 resurge en una disputa literaria sobre plagio, revelando similitudes sorprendentes con una obra posterior de Ian McEwan. ¿Casualidad o inspiración indebida?

En 1978, Ian McEwan irrumpió en la escena literaria con Jardín de cemento, su primera novela. Una obra que resonó por su crudeza: cuatro hermanos, huérfanos en un suburbio, deciden ocultar la muerte de su madre enterrándola en el sótano para evitar ser separados. Un planteo inquietante que evoca, en cierta medida, a El señor de las moscas, aunque con un enfoque distintivo.

Pero, quince años antes, en 1963, Julian Gloag (Londres, 1930-Francia, 2023) publicó Cada noche a las nueve. La trama: siete hermanos Hook, tras la repentina muerte de su madre, eligen un camino similar para evitar el orfanato: entierran el cuerpo en el jardín y simulan una vida normal, asistiendo a clases y realizando compras para evitar sospechas.

Como podrá imaginar, a Gloag –quien pasó gran parte de su vida fuera de Inglaterra– le resultó llamativa la similitud, acusando a McEwan de plagio. McEwan negó conocer la novela de Gloag, pero el juicio se resolvió en favor del primero. Sin embargo, Gloag encontró una forma de revancha literaria con Objetos perdidos (1981), donde un novelista descubre que otro autor ha publicado una obra suya inédita bajo su propio nombre.

Si bien la premisa es innegablemente similar, los estilos y resultados de ambas novelas difieren. La obra de McEwan es claustrofóbica y sórdida, con un toque de incesto. La de Gloag, más extensa, tiene un tono más cercano a la comedia, manteniendo el suspenso y elementos de la tradición gótica. Con personajes bien definidos, como Elsa, la hermana mayor de trece años, y Hubert, el tercero, Cada noche a las nueve posee ese humor costumbrista y el tono mágico característico de la literatura inglesa de mediados del siglo XX. Los chicos construyen un tabernáculo en el jardín –donde creen escuchar la voz de su madre– y deben lidiar con situaciones inesperadas, como la invitación de una pareja vecina, la llegada de un policía y, crucialmente, la aparición de alguien que dice ser su padre. Tras un año y medio, la historia da un giro inesperado, sorprendiendo al lector.

Cada noche a las nueve

Por Julian Gloag

Impedimenta. Traducción: Olalla García

364 páginas, $ 49.900

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