
Luego de disiparse la incertidumbre electoral, el debate económico argentino se enfoca en estrategias para alcanzar un crecimiento estable y generalizado. Se discuten temas como la apertura a las importaciones, la formalización de trabajadores precarizados y la rentabilización de actividades económicas afectadas, sin impactar negativamente en los consumidores. La situación global, con conflictos bélicos en Medio Oriente, intensifica la urgencia de abordar esta cuestión.
El Gobierno Como Principal Interesado
El Gobierno debería ser el principal interesado en este debate, ya que la falta de crecimiento sólido impacta directamente en la recaudación tributaria, poniendo en riesgo el superávit primario. Además, un panorama recesivo aumenta el riesgo de conflictos sociales y reduce el apoyo electoral. Si bien se habla de un crecimiento del 4,4% en 2025, este porcentaje oculta heterogeneidades y conceptos que no necesariamente representan crecimiento real.
A pesar de que indicadores como el desempleo, la pobreza y la distribución del ingreso no muestran grandes variaciones respecto a otros períodos, es crucial considerar otros factores. Según datos del INDEC, el salario real privado registrado se encuentra ligeramente por debajo de noviembre de 2023. No obstante, si se utiliza la canasta de consumo 2017-18, la diferencia supera los siete puntos, lo que podría explicar el aumento del pluriempleo y las horas trabajadas, con una consecuente caída en la productividad laboral y un aumento de la informalidad.
Condiciones Para Un Crecimiento Sostenible
Atender las condiciones que impiden un crecimiento equitativo es fundamental para la estabilidad macroeconómica. Programas de estabilización exitosos en el pasado, como en Israel, México y Brasil, demostraron que la confianza social es clave para estabilizar expectativas y mejorar las perspectivas. Superada la fase inicial de ordenamiento fiscal y monetario, reducir la inflación y mejorar los ingresos y el consumo se vuelve más desafiante, requiriendo creatividad y la asunción de riesgos.
La cuestión cambiaria también juega un papel central. La experiencia argentina demuestra que la devaluación no mejora la competitividad de los sectores ineficientes, y utilizar el tipo de cambio para controlar la inflación es una estrategia a corto plazo. La previsibilidad cambiaria, aunque no sea un seguro, es crucial para evaluar inversiones y proyectar rentabilidad. La discusión sobre el crecimiento debe ser profunda, evitando extremos como la protección a ultranza de sectores ineficientes o el desamparo total de actividades en nombre de los consumidores.
En conclusión, la consolidación del crecimiento requiere adecuar los márgenes de beneficio, reconocer la importancia de los entramados productivos para el desarrollo de la innovación, las cadenas de valor y la radicación social. Estas transiciones llevan tiempo, pero si se definen claramente los parámetros de la reconversión y las acciones de apoyo a los sectores afectados, el ajuste será menos doloroso y más duradero.

