
Sebastián Marset, narcotraficante uruguayo capturado en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, fue extraditado a Estados Unidos, donde enfrenta cargos por tráfico de drogas y lavado de dinero. La DEA lo describió como el “Pablo Escobar de la era moderna”. El juez William B. Porter le negó la libertad bajo fianza por riesgo de fuga.
El ascenso de Marset
Este uruguayo de 34 años, con una sigla tatuada en la muñeca (PCU, Primer Comando Uruguayo), construyó una organización que controlaba una de las rutas de cocaína más rentables del mundo, centrada en la hidrovía Paraná-Paraguay. Enfrentaba pedidos de captura de cinco países y era objetivo prioritario de Europol, Interpol y la DEA.
El operativo de captura se realizó en Santa Cruz de la Sierra. Marset fue trasladado a Estados Unidos en un avión procedente de Lima, Perú. Junto a él, fueron detenidas cuatro personas de su círculo cercano, incluyendo a su media hermana, Tatiana Marset Alba. Se incautaron bienes por más de 15 millones de dólares.
La hidrovía y socios
La organización de Marset movía embarques de cocaína en barcos de largo recorrido fluvial, camuflados entre harina de soja. La droga atravesaba aguas argentinas sin ser controlada, con destino a Europa y Oceanía. En Paraguay, contaba con la colaboración de Miguel Ángel Insfrán, alias el Tío Rico, quien garantizaba el paso de los cargamentos.
La investigación contra Marset era liderada por el fiscal paraguayo Marcelo Pecci, quien fue asesinado en Colombia en 2022. Marset es sospechoso de ser uno de los autores intelectuales del crimen.
A pesar de no figurar como destino final de la droga, Argentina era utilizada como territorio de tránsito. En 2020, se encontraron 29 panes de cocaína con la sigla PCU en la isla El Chaparro, frente a Rosario, evidenciando la presencia de la organización en el país.
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