
En Villa Ortúzar, Buenos Aires, lo que comenzó como la venta de lombrices californianas durante la pandemia se transformó en Ada Jardín, un espacio que fusiona vivero, café de especialidad y comunidad. Luciana Amicone y Julián González Oliva, fundadores del proyecto, vieron crecer su emprendimiento desde un garage hasta un local que invita a quedarse y compartir.
Un Comienzo Inesperado
La historia de Ada Jardín se remonta a 2019, cuando Julián comenzó a compostar en su trabajo. La iniciativa, sumada a la cuenta de Instagram creada para la suegra de Luciana, Ada, dieron origen al nombre y al espíritu del proyecto. En 2020, la venta de lombrices se disparó, transformando el garage de la pareja en un centro de distribución y punto de encuentro para amantes del compostaje.
Con el tiempo, la demanda creció y Ada Jardín se expandió, ofreciendo sustratos, composteras, fertilizantes y plantas. En 2022, inauguraron su primer local, un vivero boutique que pronto se convirtió en un espacio donde la gente no solo compraba, sino que también se quedaba a conversar y compartir.
Ada Jardín: Más Que Un Vivero
En 2024, Ada Jardín dio un paso más allá y sumó un café de especialidad al vivero. El objetivo era claro: crear un lugar donde la gente pudiera disfrutar de un buen café mientras se rodea de plantas y comparte experiencias. Hoy, Ada Jardín ofrece talleres, música en vivo y servicios de asesoramiento para espacios verdes.
Ada Jardín es un ejemplo de cómo un emprendimiento puede crecer y transformarse, adaptándose a las necesidades de su comunidad. Lo que comenzó como una pequeña venta de lombrices se convirtió en un espacio de encuentro, aprendizaje y disfrute para todos los amantes de las plantas y el café.
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