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Charles Darwin: El Científico Argentino Que Comía Animales Que Estudiaba

El naturalista británico Charles Darwin no solo estudió la fauna mundial, sino que también tenía una peculiar costumbre: ¡probarla! Desde el 'Club del Glotón' hasta sus expediciones, su dieta era de lo más exótica.

Charles Darwin: El Científico Argentino Que Comía Animales Que Estudiaba

Charles Darwin, el renombrado naturalista británico, es conocido por sus revolucionarias teorías sobre la evolución. Sin embargo, una faceta menos conocida de su vida es su peculiar costumbre de degustar los animales que estudiaba. Esta práctica, que comenzó en su etapa universitaria y se extendió a sus expediciones científicas, revela una curiosidad insaciable y un enfoque sensorial único para comprender la naturaleza.

El ‘Club del Glotón’ en Cambridge

Durante sus años en la Universidad de Cambridge, Darwin se unió a un grupo estudiantil conocido como el ‘Glutton Club’ o ‘Club del Glotón’. Lejos de debates filosóficos, el objetivo principal era probar carnes inusuales, descritas como ‘aves y bestias que antes eran desconocidas para el paladar humano’. Halcones y avetoros fueron algunos de los platos exóticos que degustaron, hasta que un búho marrón puso fin a la aventura culinaria, dejando un sabor ‘indescriptiblemente’ desagradable.

Esta costumbre de probar los animales no era exclusiva de Darwin. Existe una tradición entre algunos científicos de consumir los organismos que estudian, impulsados por la curiosidad y el deseo de experimentar con todos los sentidos al observar la naturaleza. En el viaje del HMS Beagle, Darwin clasificó y describió especies, y también probó pumas, iguanas, armadillos y tortugas gigantes. Incluso probó el líquido de la vejiga de una tortuga gigante, describiéndolo como claro y ligeramente amargo.

Un Menú Exótico en Expediciones

Las expediciones científicas ampliaron el menú de Darwin. Probó decenas de especies, incluyendo pumas, iguanas de las Galápagos, armadillos y tortugas gigantes. Un roedor sudamericano de unos nueve kilogramos lo impresionó particularmente, describiendo su carne como ‘la mejor que había probado en su vida’. En Sudamérica, Darwin buscaba capturar un ave similar al avestruz, el ñandú. En una comida, sirvieron carne de ave sin advertirle. Al darse cuenta de que era el ñandú que buscaba, detuvo la comida y recolectó huesos, plumas y piel para enviarlos a Inglaterra. Ese ejemplar se conoció como el ñandú de Darwin.

La práctica culinaria de Darwin revela una faceta fascinante de su personalidad. Más allá de la ciencia, era un aventurero gastronómico que buscaba comprender la naturaleza a través del paladar. Su legado perdura tanto en sus teorías revolucionarias como en sus inusuales elecciones alimenticias, demostrando que la curiosidad no tiene límites, ni siquiera en la mesa.

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