
El bacalao, también conocido como el ‘oro blanco’, se ha posicionado como el pescado estrella durante la Semana Santa debido a su sabor, versatilidad y los múltiples beneficios que aporta a la salud. Su consumo se popularizó en el siglo XVI, cuando la Iglesia Católica instauró la abstinencia de carne los viernes y durante la Cuaresma. Este pescado ofrece diversas formas de preparación, desde fresco y grillado hasta en salazón o croquetas.
Características y beneficios del bacalao
Una de las características distintivas del bacalao es que acumula la grasa en el hígado en lugar de los músculos, lo que resulta en un bajo contenido de grasas, ideal para dietas hipocalóricas. Del hígado se extrae el aceite de bacalao, rico en ácidos grasos Omega-3, esenciales para la salud cardiovascular, cerebral y articular. Además, el bacalao es fuente de minerales esenciales y vitaminas como la B3, B6, B12 y D, importantes para el funcionamiento cerebral, la formación de glóbulos rojos, la salud de la piel y el mantenimiento de los huesos.
El bacalao es un aliado cardiovascular gracias a su contenido de potasio y magnesio, que ayudan a relajar los vasos sanguíneos y reducir la tensión arterial. También contribuye a mantener equilibrado el perfil lipídico gracias a su baja cantidad de grasas saturadas, lo que ayuda a mantener bajos los niveles de colesterol LDL.
¿Cómo se recomienda consumirlo?
Según expertos, la forma ideal de consumir bacalao es fresco, ya que es la opción más pura desde el punto de vista nutricional y contiene menos sal, lo que lo hace adecuado para personas con hipertensión o retención de líquidos. La versión congelada, especialmente si ha sido ultracongelada en alta mar, conserva las mismas propiedades nutricionales que el fresco. Se desaconseja el bacalao desalado debido a su alta concentración de sodio.
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